Perlas

 

La Perla Negra Tahitiana

Una perla cultivada es una verdadera joya del mar. Debe su belleza a las fuerzas creativas de la naturaleza. Mientras que las piedras preciosas deben ser pulidas para brillar, las perlas ya tienen un cálido brillo natural.

El nacimiento de una perla empieza cuando una sustancia extraña, como un grano de arena, encuentra su camino hacia el cuerpo de la ostra y causa una irritación. La ostra después toma una acción defensiva segregando una sustancia llamada nácar la cual se forma alrededor del objeto irritante. Las capas de nácar segregadas sobre el irritante se convierten en una sustancia dura y suave. Después de muchos años de este proceso, se forma la perla.

Las perlas cultivadas se hacen de manera muy similar a las naturales, utilizando una técnica conocida como de injerto.

La técnica de injerto consiste en introducir un núcleo perfectamente redondo, extraído de la concha de un mejillón cultivado en el Mississippi, en la gónada de una ostra.
Una pequeña pieza de manto de otra ostra es insertada con el injerto. Las células de la ostra sacrificada se desarrollan alrededor del núcleo implantado formando un saco de perla el cual, una vez cerrado, segregará material perlífero.

Antes de comenzar el proceso de injerto, la ostra es sometida a un ayuno que dura varios días para ralentizar su metabolismo, lo cual disminuye el riesgo de rechazo.

Mucha gente todavía comete el error de creer que las perlas cultivadas son imitaciones, o perlas falsas. De hecho, las perlas cultivadas son el resultado del mismo fenómeno natural que las perlas naturales - la única diferencia es que en este caso el fenómeno es inducido por el injerto y no sucede por gracia del azar. En otras palabras, el hombre juega el papel de la naturaleza introduciendo el irritante o núcleo dentro de la ostra, y luego se aparta para permitir que la naturaleza cree su milagro.



Robert Hervé fue el primero en experimentar con la perlicultura en Polinesia. Se estableció en las Tuamotus y construyó un "fare" o bungalow sobre pilotes, en el lagoon de Apataki donde llevó a cabo sus estudios. Luego de fallar en tratar de producir grandes cantidades de perlas en la década de 1930, llevó consigo a especialistas injertadores Japoneses para ayudar a perfeccionar el arte de la perlicultura en Polinesia. Hoy en día, la perla negra Tahitiana es el producto que ocupa el primer puesto en el ránking de exportaciones en la Polinesia Francesa.

La Ostra Gigante de los Mares del Sur que se encuentra en las aguas cálidas de la zona intertropical pertenece a la familia de las Pinctada. Ésta es muy buscada, y produce perlas de un excepcional tamaño en un infinito rango de colores. Las conchas de la Pinctada Maxima, que tienen labios de color blanco, dorado o plateado, y las de la Pinctada Margaritifera, con labios de color verde, negro o plateado, siempre han sido muy apreciadas por sus especificidades: grosor y calidad del nácar, profundidad y brillo del color.

La Pinctada Margaritifera, en su variedad Cumingi (llamada así por el científico que primeramente las describió en 1820), puebla exclusivamente los arrecifes de coral de los lagoons Polinésicos. Sus conchas gigantes están surcadas por líneas negras en un fondo gris y los labios son negros. El borde interior de la concha esta salpicado con destellos iridiscentes de verdes y negros que son absolutamente únicos, de los cuales las perlas toman su nombre Tahitiano de Poe Rava, o negro verdoso. De hecho, ofrecen una fascinante diversidad de sombras.

Esta aristócrata de los lagoons azules-turquesas ama las aguas de entre 24 y 29 grados centígrados. A los 18 grados centígrados, su crecimiento se detiene, y a los 11 muere. Temperaturas así de bajas no existen alrededor de Tahiti y en sus archipiélagos. La densidad del agua, la naturaleza del lecho marino y las corrientes ejercen una notable influencia en su crecimiento. Una ostra Polinésica fuerte vivirá hasta 30 años, y alcanzará un tamaño de 30 cms y un peso de hasta 5 kgs. El promedio de vida de la especie está estimado en entre 10 y 15 años con un promedio de diámetro de 15 cms.


Clasificación de las Perlas Tahitianas

Cuando se cultivan perlas, el granjero de perlas realiza una clasificación inicial de su cultivo, descartando todas las perlas rechazadas. Luego, lleva a cabo una separación más detallada de su cultivo clasificando perlas por su tamaño, forma y calidad.
 
Tamaño

El tamaño de las perlas es normalmente expresado en milímetros. Las perlas tahitianas cultivadas generalmente varían en tamaños que varían desde los 8 milímetros hasta los 16 milímetros.
 
Forma

Existen cuatro formas básicas par la perla tahitiana:
 
Redonda ó semirredonda
Las perlas redondas son esferas casi perfectas, con una variación en su diámetro de menos del 2%. Las semirredondas son esferas semiperfectas, en ellas la variación del diámetro puede llegar al 5%.
Semi-barrocas
Las perlas semi-barrocas presentan al menos un eje de rotación, y se subdividen en gotas, botones y ovales.
Barrocas
Las barrocas no poseen un eje de rotación, y son de formas asimétricas.
Anilladas
Se caracterizan por poseer estrías regulares o anillos convexos perpendiculares a un eje de rotación, en más de un tercio de la superficie de la perla.
Calidad

Se determina observando las particularidades de la superficie y el lustre de la perla. Las irregularidades de la superficie pueden ser puntos, estrías, machucones o desfiguraciones más o menos notables.

Todas las perlas de calidad A exhiben asimismo un alto coeficiente de lustre.

El lustre se evalúa de acuerdo con la luz que refleja la perla al ser iluminada. A mayor intensidad del reflejo, más alta la puntuación en lustre.

En función de estos criterios, las perlas de Tahiti pueden dividirse en cuatro calidades básicas: A, B, C y D.
 
Calidad A
Una perla de calidad "A" es la que no posee marca alguna visible por el ojo desnudo. Una perla de calidad "A" exhibe asimismo un alto coeficiente de lustre.
Calidad "B"
Estas perlas muestran un lustre alto ó medio, y algunas pequeñas irregularidades visibles por el ojo desnudo, distribuidas en menos de un tercio de la superficie total de la perla
Calidad "C"
Por el ojo desnudo, distribuidas en menos de un tercio de la superficie total de la perla.
En las perlas de calidad C las marcas son visibles por el ojo desnudo, y ocupan más de un tercio de la superficie total de la perla.
Calidad "D"
Las perlas "D" son las que exhiben un fuerte porcentaje de marcas de algún tipo en más de dos tercios de su superficie, al margen del lustre, que generalmente es menos intenso.

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